20 de mayo de 2011

Otra forma de hacer eso que llaman arte. Introducción al Fluxus


El Fluxus es presentado por los historiadores del arte como uno de los últimos movimientos de vanguardia; sirva este escaso artículo como provocación (palabra que le viene muy bien al movimiento) para que los lectores se atrevan a bucear en la no muy amplia bibliografía escrita hasta la fecha (en castellano).
Antes de nada, es indispensable que el lector se golpee la cabeza con un objeto contundente y paralice, de manera momentánea, toda concepción artística desarrollada hasta el momento; así será mucho más fácil.
El movimiento Fluxus no nace de la noche a la mañana y, como todos los movimientos artístico-intelectuales, tiene un proceso de formación, que se gesta durante la década de los 50, teniendo su centro geográfico en Europa, Japón y EE UU. Marcel Duchamp (idea de arte conceptual y manufacturado), John Cage (inventor de los "Happening"), los futuristas, o los dadaístas (idea del collage y el concretismo) serán puntales de influencia para Fluxus. Pero, será George Maciunas el que, con la publicación de la revista Fluxus (el nombre del movimiento viene de ella), dé el pistoletazo de salida a esta revolucionaria vanguardia. En 1962 se produce el primer evento Fluxus de la historia, en Wiesbaden, Alemania, el cual reúne a los creadores más destacados del movimiento (Wolf Vostell, cuya casa-museo está abierta al público en el extremeño pueblo de Malpartida de Cáceres, Nam June Paik, Dick Higgins o el propio Maciunas). En un primer momento el movimiento surgió como un foro o lugar de encuentro, sin condiciones ideológicas o artísticas y sin un programa artístico definido.
Y algunos se preguntarán ¿Por qué a estas alturas no me han dicho qué es Fluxus? Pues porque sería contradictorio con la esencia del movimiento. Esta vanguardia no tiene unos cánones estéticos cerrados a seguir por los creadores afines al mismo. Los creadores Fluxus son libres de encauzar sus sentimientos de la manera que les plazca, sin las ataduras que suponen los heterodoxos registros artísticos. La única noción de "regla" que puede existir en el Fluxus es un conjunto de "12 Ideas Fluxus", que han sido, no obstante, extraídas a posteriori de los conjuntos artísticos de sus creadores. Y son: musicalidad, presencia en el tiempo, especificad, globalismo, unidad del arte y la vida, inter-media, experimentalismo, azar, carácter lúdico, sencillez, capacidad de implicación y ejemplificación.
Sin duda, las palabras de Dick Higgins (creadora Fluxus) sobre la experiencia de Weisbaden nos pueden dar un poco más de luz en la complicada tarea de explicar qué podemos entender como arte Fluxus: "Fluxus Wiesbaden fue el más ambicioso de todos los proyectos. Lo que tuvo de magnífico es que no teníamos que preocuparnos por el tiempo. Interpretamos la ópera alemana Ja, es war noch da de Emmett Williams, en inglés, durante 45 minutos. Hicimos una versión de una hora de H-Fis gehalten de La Monte Young. Vostell vino desde Colonia. Tocó Arghh, golpeó con un martillo algunos juguetes hasta hacerlos añicos, rasgó una revista, destrozó algunas bombillas en un cristal y lanzó tartas contra el vidrio. Una vez acabadas las tartas de crema, enseguida desapareció de nuevo camino a Colonia. Un frenético caos. Hicimos muchas de mis viejas cosas, así como multitud de piezas de Brecha, Watts, Patterson, Young, Williams y Corner. En Danger Music nº 3 afeitamos mi cabeza y lanzamos al público panfletos políticos; en Danger Music nº 17, en la que trabajamos algún tiempo con mantequilla y huevos, preparamos, en lugar de una tortilla, una papilla incomestible. Eso era lo que Wiesbaden necesitaba. Durante un tiempo volaron huevos por el aire durante dos minutos. Durante la ópera de Emmet Williams subieron desde el público algunos estudiantes, se plantaron allí con ramas de abeto y cantaron diversas canciones estudiantiles". Está claro el sentido festivo de esta actividad, así como el aspecto participativo y trasgresor. Es música porque ellos han decidido llamarla así, y también lo es porque se realiza en un escenario ante un instrumento musical o con objetos empleados para, de un modo u otro, producir sonido. Cualquier actividad cotidiana sacada de su habitual contexto asociativo, se convierte para Fluxus en una acción que también es musical. Es, indudablemente, música, pero difícilmente analizable por la musicología tradicional. La palabra "concierto" se impregna de ironía con relación a lo que era representado al público.
La anterior cita me da pie a introducir otro de los aspectos clave de Fluxus, que es su interdisciplinaridad. El creador Fluxus no sólo se limitó a experimentar la música (tendencia natural dado el peso de John Cage), sino que también se atrevió con el vídeo y el cine, el Happening, la escultura, el teatro.
Una vez introducido de la mejor manera posible el movimiento, cabe preguntarse ¿Es Fluxus una vanguardia de corte anarquista? Después de mucho pensar y estudiarlo, he llegado a la conclusión de que no lo es; aunque con matices. Y son esos pequeños matices los que quiero significar antes de acabar.
Fluxus niega el arte como un producto que se pueda vender o que vaya adquiriendo valor a lo largo de los años, así como la defensa de una posición contraria a los museos, vistos por ellos como lugares elitistas. Estas concepciones, con las que podremos estar más o menos de acuerdo, son una brutal crítica a la manera de ver el arte en la sociedad capitalista de esa época (y de la de ahora). Es inconcebible, desde nuestra libertaria forma de ver el mundo, que el arte tenga un valor comercial por encima del artístico y que un cuadro aumente o devalúe su valor dependiendo de variables determinadas.
La provocación es otro de los aspectos más destacables de Fluxus. El espíritu de incordiar las mentes burguesas de la sociedad para así revolucionarlas, la crítica al conformismo dominante. Todo ello surge de un más que seguro análisis de estos creadores muy crítico hacia la sociedad de la época, que podríamos extenderlo a la actual. Si lo políticamente correcto triunfa, colguemos un orinal en una exposición en el MOMA (Marcel Duchamp), y riámonos de la gente que quiere tener una réplica en su casa.
Fluxus pone sobre la mesa una forma de ver el mundo y el arte diferente, cargada de contenido crítico, chocante y rompedor. Es por este motivo por el que el lector se tiene que olvidar de todo lo aceptado anteriormente.
El discurso libertario y el no discurso Fluxus bien podrían darse la mano. Para mí, no hay cosa más revolucionaria que un cuadro, escultura, película u obra de teatro que incite a la provocación, al pensamiento, a la crítica; y por ello estamos los anarquistas.
El "simple" hecho de ser anarquista nos convierte en pequeños artistas. Desde aquí, me gustaría lanzar un llamamiento a todos los compañeros ácratas que leen este texto para que no se sientan coartados por ninguna influencia externa a ellos mismos. Empuñar una cámara, un pincel, un bolígrafo. Salir a la calle y crear una performance. No podemos rechazar la idea de que hacer pensar a la gente mediante el arte es otra de las mil batallas que nos tienen ganadas y el anarquismo puede y tiene que hacer algo contra ello.
¿Te animas a crear? O lo que es lo mismo, ¿te animas a hacer la revolución?


Extraìdo del perìodico Tierra y Libertad (España). Número 274. Mayo 2011


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